Podcast deleer

Hola, qué tal. Hace mucho que no paso por aquí. He seguido leyendo pero en algún momento se me acumularon los libros sin reseñar y como suele pasar llegó un momento en el que fueron demasiados y el tiempo y esas cosas que pasan y que no importan demasiado.

Regreso hoy para contarte que desde hace unas semanas este blog o, mejor dicho, la idea de este blog, mudó a podcast, que es un formato que me gusta mucho.

Así que si quieres puedes escuchar y si te gusta te puedes suscribir y compartirlo, claro.

Es un podcast breve en el que, como hacía por aquí, recomiendo los libros que me gustan.

Aquí puedes escuchar el último episodio.

Te espero.

Gracias por leer y por escuchar

Que no

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Esa tierra que rompe con su aliento sudado

ese instante cavado en la sombra

y el silencio que no.

Ese resplandor

esa luz que estira

como si fuera un río por el que dejarse llevar

hasta esperar una ola que la arrastre o la corte,

que no.

No hay mar. Ni viento.

Esas hojas secas

ese otoño que sangra la tierra donde pisa su guerra.

Esos pechos vacíos

esos labios secos

de hembra libre

que silban la muerte que anda bajando por el camino de los últimos días,

que no.

Esas plumas filosas que astillan un ángel cualquiera

sin flechas,

que no.

Ese chorro de sombras

como un puño

que pide

en el filo

la muerte, todavía.

Que no.

 

Circe o el placer del azul

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Cuando era niña leí una versión infantil de La Odisea (Homero) que disfruté un montón y de la que aún tengo memoria. Recuerdo las hazañas de Ulises, los cíclopes malvados, la ira de Polifemo. De Penélope recordaba su astucia para engañar a los pretendientes que la asediaban deshaciendo de noche lo que tejía de día. Y la paciencia silenciosa con la que esperaba. Apenas eso.

En Circe o el placer del azul he regresado a esa historia pero con otra versión. Aquí Circe, diosa de Eea y amante de Ulises, le escribe a Penélope para decirle que su esposo está a salvo y que vive con ella un romance apasionado. A partir de ese momento, estas dos mujeres comienzan una relación epistolar en la que reescriben la leyenda y se convierten en protagonistas de sus vidas. Seguir leyendo

Perdón

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El perdón es un concepto que asociamos a la culpa. Y la culpa infecta y supura.

“Desearía que supieras. Te llevo en el miedo y en el coraje. Te llevo en la culpa que has plantado, en las manos, en los ojos y en la boca”.

El amor sacralizado esconde la frustración cuando fracasa, cuando el mito se expresa mentiroso.

Esta es la historia de dos jóvenes y de una pasión que se anuda fuerte y putrefacta en la metáfora de un sedal en un dedo. Para siempre.  Seguir leyendo

Jane Eyre

Si alguna vez fuimos románticas nos engañaron en el cómo. Nos hicieron un recorte funcional para dejarnos suspendidas en la languidez que describía los desórdenes del alma, los corazones estrujados en el ahogo de una idea mentirosa. Era más fácil convertirnos en eso, descomponernos en latidos agónicos aspiracionales. Nos los contaron así. Nos lo repiten. Seguir leyendo

Escribir

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Escribir es caminar por otro barrio y mirar los edificios bonitos. Y los feos. Y hacerles fotos que salen mal. Es deletrear tu nombre cada vez, hache e ene a erre. Escribir es escuchar conversaciones en el subte, las discusiones ajenas, las propias. Es leer hasta quedarse dormida y subrayar y querer hacerlo igual. O mejor. Es hacer la colada y doblar las toallas con olor a sol. Es ir al súper y buscar las ofertas. Es pagar las facturas y no llegar a fin de mes y trabajar donde se puede. Escribir es escuchar a The Cure. Y bailar. Es limpiar el baño y barrer las esquinas. Es leer el periódico y enfurecer. Es ir a una marcha y gritar con otras. Es escuchar los pañuelos verdes en los cuellos, en las mochilas, en las muñecas. Y  levantar los brazos. Y emocionarse. Y enfurecer. Escribir es ver una buena película y un polvo a la hora de la siesta. Es una copa de vino y un cigarro después de cenar. Es ir a comprar flores y picar cebolla. Y llorar con hipo. Es tener resaca y jugar al truco. Y ganar la revancha. Es tomarse unos mates. Es viajar en tren y que te esperen en los andenes. Escribir es tener miedo, que te duela la barriga y se te estruje el pecho. Es cambiar las sábanas y hacer listas que no se cumplen. Es tener insomnio, tachar y remendar los renglones. Es coleccionar cuadernos. Escribir es hablar con tu madre y escucharla reír. Es aprenderse un poema de Anne Sexton y tener envidia. Y olvidarlo. Escribir es descalzarse en el avión. Es mudarse y tomarse unas tapas en León y unas cañas en Madrid y caminar por Corrientes. Escribir es una ducha caliente y tejer del revés. Es un abrazo cuando tienes ganas. Es preguntar y escuchar las respuestas. Y dudar. Es abrir las ventanas y que diluvie. Escribir es echar de menos. Es pisar la nieve y tener mucho frío. Es dormir tapada. Escribir es escuchar a Lucas hablar de la luz y ver lo que cuenta con ella. Escribir es no hacer nada y disfrutarlo. Es pensar en otra cosa. Apagar el teléfono. Hacer café. Regar las plantas. Comprar libros nuevos. Releer. Eso. Escribir es escribir.

#deescribir

Las pequeñas virtudes

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Soy reincidente, insistente. Pesada, tal vez. Así que regreso. Y repito. Leer a Natalia Ginzburg es una clase magistral porque cuando ella escribe parece que te habla despacio, como si además de todo lo que cuenta te dijera, ve más despacio, como si se pusiera delante y te apretara el brazo para insinuarte que frenes, como si además, en algún momento, entendieras por qué. Seguir leyendo

La buena reputación

la buena reputación

La familia es el gran tema literario. No lo digo yo, lo dice Ignacio Martínez de Pisón, el autor de este novelón. Lo dice la historia de la literatura. Como no recordar el inicio de Anna Karenina: “Las familias felices se parecen, las infelices lo son cada una a su manera”.

No sé si existen las familias felices. Las familias son poliedros inimaginables e irrepetibles que guardan en su forma particular la vida de quienes la integran. Uno se puede escapar o quedar pero en las ausencias y en las presencias todos  y todo persiste, todos y todo está dando forma y maneras. Seguir leyendo